Vestidos de novia a la vieja usanza

La moda nupcial se inspira en los años veinte, cuando los vestidos eran auténticas obras de arte. Hoy se vuelven trajes de corte imperio para mostrar una silueta alargada, esbelta y sinuosa de la mano de Karl Lagerfeld, se sofistican con Hannibal Laguna y perfilan una novia de las mil y una noche con la madrileña María Alegre.

Aire antiguo

Los diseñadores sevillanos José Víctor Rodríguez y José Luis Medina del Corral, más conocidos como Victorio & Luchino, presentaron unas novias años veinte con vestidos en blanco roto tocadas con casquetes, sombreritos o velos de tul hasta el suelo, el tejido que se convirtió en estrella de una espléndida y elegante colección de vestidos de novia.

Sin ninguna concesión a los volantes, pese a su típico estilo andaluz, la pareja se decantó por trajes imperio con tejidos vaporoso o vestidos tipo sirena, que acarician los cuerpos por sus formas ajustadas o faldas con volumen, colas muy cortas y tejidos de organza matizados con tules para provocar fragilidad y encajes que conviven entre sí.

Un traje de chaqueta con falda larga en forma de sirena de cola y chaqueta con escote chimenea o dos vestidos cortos con cintura baja y sombreros como tocados fueron otros de los homenajes que los diseñadores efectuaron a la época del can-can.

Dos vestidos de novia cubiertos por velos de tul con escote bañera y corte imperio rompieron los aplausos del público, el mismo tul que realizaron para diseñar una capa que cubría un traje mini-faldero en blanco roto, el color estrella de esta colección.

Los guantes largos complementaron algunos vestidos de esta colección, en donde dominó la elegancia y el buen gusto.

Lagerfeld se pone moderno

Los vestidos de Karl Lagerfeld lucen cortes de talle muy alto para mostrar una silueta alargada, esbelta y sinuosa. El corte imperio se completa con un cinturón superpuesto que estrecha la cintura y resalta el busto.

La cola también se reduce en esta colección desplazando la atención a los detalles del traje: los bordados en transparencias y en nácar y la gran novedad: las mangas son de reja y cubren medio brazo al estilo “punk” que se lleva ahora en la calle. Encima de ello, unos guantes blancos de ciclista, para darle todavía un toque más moderno e informal.

Los trajes son lánguidos, etéreos, vaporosos y con capas de forros que ni se ven. El escote se entalla entre las tiras que conforman las mangas y, en conjunto, conforman unos escotes geométricos que marcan los contornos del cuerpo.

Las faldas se ahuecan gracias a los plisados de tijeretazos grandes y pequeños que confieren más informalidad al conjunto del vestido. Parece que los plisados son la estrella de la marca Rosa Clará que también sigue su colaborador Karl Lagerfeld.

Así, mientras el cuerpo se mantiene ajustado y erigido por los cinturones anchos, las faldas se ensanchan, con lo que transmiten ligereza y un punto de rebeldía a la silueta de la mujer.

Laguna, romántico y sofisticado

“The White Song” es el título de la colección que Hannibal Laguna presenta con vestidos cargados de ornamentos incrustados en los tejidos como un trabajo artesanal de gran dedicación y cuidado.

Un juego floral de magnolias, lirios y azucenas cubre las superposiciones de delicadas texturas como garza de seda, triple raso o organdí. Una combinación que transmite sensaciones frescas y naturales.

Faldas largas que empiezan más debajo de lo habitual y acaban en media cola. Minúsculos drapeados y diminutos plisados que atribuyen volumen al cuerpo gracias a los distintos cortes asimétricos. Así, las capas se superponen las unas a las otras y dan movimiento al vestido.

Los acabados son perfectos: lienzos bordados, polvo de nácar y plumas suntuosas dibujan un conjunto de sensaciones de identidad, muy originales. Sofisticadas y naturales a la vez. Detalles de orfebrería en plata, cobre y piedras semipreciosas iluminan el blanco puro de los trajes de Laguna.

Los escotes siguen siendo abiertos, con pocas piezas que estorben, y los lazos se trasladan adelante, en sustitución del broche, como una muestra más de la devoción del diseñador hacia los detalles que aportan belleza y lujo al vestido. En definitiva, la de Laguna es una novia muy sensual y romántica.

Vestidos de salón de café

Jesús Peiró se inspiró en la moda de la frontera de los años cuarenta para la colección “Swing” de 2008. El ‘look’ de aquella época suena a salón de café, a tango, a foxtrot y a swing. El diseñador rescata el pasado y lo ha trae al presente, conservando los elementos propios de la época y contrastándolos con detalles más modernos como, por ejemplo, los bolsillos.

Así, las faldas se mantienen largas, pero esta vez acampanadas, recubiertas de plisados en plumas de faisán, tul de red de tocado en mini diademas y orquídeas con toques orientales. Esta es la huella de sofisticación que Peiró deja en sus vestidos.

Grandes lazadas ponen punto y final a los volantes que aportan movimiento y versatilidad al conjunto, y dan lugar a los cuerpos firmes que perfilan las siluetas.

La riqueza de tejidos dan crédito de la elegancia y el buen gusto del diseñador español: gasas bordadas con calados, chantillíes, macramés y guipures porvenzales, organizas o poliuretanos.

La colección “Swing” no es nada más que un juego de contrastes que juegan al equilibrio. El color blanco Ivory impone luminosidad y sobridedad, mientras que los detalles aportan sofisticación y elegancia.

Contrastes elegantes

Jesús del Pozo presenta para los vestidos nupciales un juego de contrastes de tendencias y texturas que proyectan unas novias naturales, cómodas y elegantes a la vez. Las faldas se presentan largas, cortadas en la cintura o bajo el pecho por una tira ancha que actúa como cinturón.

Organzas, sedas y un crecido uso de las gasas dan vuelo y volumen a los vestidos que llegan hasta el suelo en forma de ondas. Los plisados en distintas texturas ornamentan las telas: los hay horizontales o verticales, con más onda o menos.

Los escotes son geométricos y muy abiertos. Sólo unas mangas en tira ancha marcan la silueta del cuerpo. Los colores también se combinan para crear contrastes. El blanco tradicional pasa al olvido y le sustituyen el marfil, el crudo, y el blanco roto con pequeños detalles de colores más tórridos.

Las mil y una noches

María Alegre presentó unas novias de harén de las mil y una noches, con vestidos con muchas mezclas de colores y flores superpuestas o diseñadas en los abrigos que completaban el atuendo nupcial, junto con velos de tul que dejaban el rostro libre y caían por la espalda desde el centro de la cabeza.

El vestido más espectacular de esta colección resultó ser un traje de hojas verdes, con falda de rosas de distintos tonos, las mismas que tocaban el pelo de la modelo.

Fuente: www.univision.com

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