¿Una boda con dos vestidos?
En cuestión de gustos, nada está dicho y la última palabra la tiene cada cual, por ello la intención siempre es acercaros las diferentes opciones que entran en juego para que cada novia pueda contar con el abanico de opciones más completo a la hora de planificar su boda.

Demás está mencionar que uno de los roles protagónicos del gran día lo tiene el traje de la novia, mal que les pese a los futuros esposos: la gran sorpresa siempre es la novia que hará su entrada a la ceremonia convertida en una verdadera princesa. Las damas de honor, las madrinas y alguna que otra amiga dejará caer alguna lágrima ante la presencia de su aspecto radiante y delicado. Sobrarán elogios y suspiros y la novia, a pesar de los nervios, se sentirá más espléndida que nunca.
Pues imaginen si todo este cuadro de situación se viera duplicado… Sí, ¿qué tal si en lugar de uno, se tratase de dos vestidos? Aunque a mi entender pueda resultar una idea poco atractiva, hay novias que deciden lucir dos trajes diferentes el día de su boda. En esos casos, lo más habitual es que opten por un traje más importante para la ceremonia y el ingreso al salón donde se celebrará el banquete, para luego realizar un cambio y lucir un segundo traje más sencillo que tal vez hasta pueda ser corto o a media pierna para el resto de la noche.
Mientras estemos contentas, todo es válido aunque creo que la mejor decisión es optar por un único vestido destinado a ser el gran protagonista de principio a fin y para ello, es necesario que sea lo suficientemente cómodo como para permitirnos disfrutar sin problemas de nuestra fiesta. A mi parecer, de nada servirá conservar en impecable estado un vestido de boda que no ha sido vivido. ¿Vosotras qué pensáis?

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